Elegí una carrera determinada, y no otra,
porque me gustaba la salida profesional que tenía.
Lo bueno de la universidad es que das un paso más en cuanto a tu formación como
persona, conoces gente, mundo y diferentes puntos de vista. Nuestro círculo se
amplía al acostumbrado hasta entonces en nuestra educación inferior.
Se supone, o al menos yo creía, que la
universidad es el paso necesario para acceder a un puesto de trabajo superior
(independientemente de la situación laboral) relacionado con el título. Pero
después de 5 años me he dado cuenta que no, que eso no es así. El título
universitario es algo más que añadir a tu curriculum y una experiencia personal
que llevas a tu espalda.
En el punto que me encuentro, a escasos meses
(si, escasos, comparado con años) de acabar la carrera, no paro de pensar
“bueno y luego ¿qué?” y el miedo se apodera un poco de mí. Después de 5 años de
carrera y una suma de unas 50 asignaturas cursadas más o menos te sueltan a la
calle solita e indefensa ante un mundo completamente desconocido y para el cual
no has quedado lo suficientemente preparada.
Si, has aprendido cosas importantes y
necesarias durante estos años, pero puedes fácilmente resumir esos
conocimientos en un curso de un año a lo sumo, no más. Y es esa mi gran
decepción de la carrera. Asignaturas que vale, que aprendes, y se suman a tu
culturilla general, pero que no me sirven a la hora de desempeñar mi trabajo
luego. Y es que llegamos de “nuevos”, tenemos una leve idea de cómo funciona
todo, pero solo es teoría, lo que nos han enseñado en unas diapositivas y lo
poco que hemos podido practicar con los escasos medios que tenemos a nuestro
alcance y lo poco que hayamos podido hacer fuera independientemente de la
carrera. Es luego cuando realmente aprendemos lo que es la profesión, no
durante 5 años encerrados en clases durante seis horas al día leyendo y leyendo
diapositivas.
¿Me arrepiento de haber ido a la universidad?
No, la universidad me ha hecho crecer personalmente y abrir mi mente a un nuevo mundo rodeado de
gente nueva. Me ha permitido experimentar y desarrollar mi mente en muchos
aspectos. Educativamente, he aprendido cosas, pero mal.
El sistema de estudios diseñado está mal en
sí, está preparado para que te atiborres de temario poco antes de un examen y
lo escupas en unos folios durante dos horas, después de eso…vacío.
Cuando me dicen, “oye pues muy importante es
estudiar lengua, sociología, filosofía, psicología, literatura…” (y un sinfín
de asignaturas a las que aún no les encuentro sentido) yo digo que sí, que
amplias tus conocimientos y te formas de alguna manera pero ¿hasta qué punto me
sirve realmente para desempeñar el trabajo que quiero y por el cual elegí esta
titulación y no otra?. No veo ingenieros estudiando a Weber o analizando el
complejo de Edipo mientras averiguan cual es el sujeto de una oración de la página
4 de un relato de Kafka.
Y me da rabia al pensarlo porque es un tiempo
empleado completamente desperdiciado, pudiendo, de otra manera, haber adquirido
los conocimientos necesarios y haberte formado de una manera adecuada. Cuando
todo se podría haber reducido a un tiempo menor, asignaturas más completas y
mejor direcionadas.Y con el grado y estos políticos la cosa no es que mejore tampoco. Pero en ese tema mejor ni entro, al menos de momento.
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